viernes, 13 de septiembre de 2013

Lucia- Silence (Lucia Maria Popescu: cantante de pop soul, rumana, 19 años de edad).

¿En qué me metí?

Esta es la primera entrada de mi blog. Para ser totalmente honesta, no sé exactamente en qué pensaba cuando me decidí a escribir públicamente. Estoy consciente del gran riesgo que corro, ya que pudiera ocurrir una de dos cosas: que lo lean y les guste o todo lo contrario. 

Jamás he sido de aquellas personas temerosas de asumir el control y tomar decisiones. Es por esto que les explico el detonante o motivo que me llevó a "meterme en este lío" de escribir un blog, herramienta que, en estos días, no está de moda. 

Movida quizás por asuntos de índole personal, sentimental, kármica, muchas situaciones y experiencias superadas, me sentí impotente luego de leer tantos libros, buscar respuestas entre amigos, observar el comportamiento humano y emplear una mínima parte de mi coeficiente intelectual para terminar concluyendo que todos, en cierto momento de nuestras vidas y sin excepciones, actuamos en respuesta a las circunstancias que vivimos y desconocemos quiénes somos en realidad, también es mi caso. Hay que armarse de gran coraje para iniciar, a estas alturas, un proceso de descubrimiento interno que se supone debe cumplirse a cabalidad durante la infancia, adolescencia hasta la adultez temprana. Precisamente eso es lo que haremos en este espacio.

A las mujeres nos quita el sueño tratar de descifrar qué piensa un hombre, por qué actúa de tal o cual manera, por qué son infieles y un largo etcétera. En cambio los hombres, solo por instantes, intentan descifrar cuáles son las intenciones ocultas o las reacciones posteriores de una mujer cuando afirma "todo está bien", aún a sabiendas de que no es real. Un día se cansan y continúan existiendo. Sobre todo esto, existe una única verdad: no hay motivo alguno para gastarnos tiempo, esfuerzo, neuronas, energía en "suponer" lo que otro ser humano quiere, aspira, desea, piensa o dirá. Concentremos nuestras fuerzas en vivir segundo a segundo, descubrir que: hablar con claridad nos evita disgustos, además de ser un derecho, también es nuestro deber. Todos habitamos en el mismo planeta con un mismo propósito: buscar la felicidad. Que algunos utilicen los medios correctos y otros quieran responsabilizar a alguien más de lo que le corresponde a sí mismo...cada cual con lo suyo. En fin, no crearse expectativas es la clave, aprender a desprendernos de nuestras falsas creencias, de los estereotipos y no juzgar a nadie. Recuerden que todos tenemos una condición de vida y estamos aquí para superarnos a nosotros mismos. Nada, ni nadie es responsable de nuestra felicidad. 

Todo esto lo aprendí tras un arduo trabajo de observación-experimentación junto a un gran amigo y consejero, con quien comparto una afinidad mística. Porque es tanta la confianza, la libertad, la seguridad, su paciencia para explicar las cosas, sus recomendaciones, consejos y el tiempo que le he hecho gastar. He crecido desde que lo conozco, que por momentos es como si me hablara a mí misma frente a un espejo. Pareciera que nos conocemos de otra vida...aunque sí, estoy plenamente segura de que nuestra conexión traspasa las barreras de otras existencias. 

Hay cosas en la vida que son incomprensibles, solo nos queda vivirlas y extraer de ellas infinita sabiduría y regocijo, sin importar la naturaleza de las mismas.